La ordalía: castigar el síntoma como terapia

Jose Manuel Garrido
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Parafraseando a Haley (1984), voy a comenzar este post anticipando que trata “…de los dilemas absurdos en que suelen encontrarse las personas y de las soluciones no menos absurdas que en terapia se les proponen”

Dicho esto, es fácil llegar a entender que modificar nuestros comportamientos nos resulta más fácil cuando los significados de esos comportamientos cambian para nosotros.

Cambiar el significado de los problemas que el paciente trae a consulta, también conocido como reencuadre, es un concepto central en la práctica diaria de las psicoterapias que hoy conocemos en su conjunto como psicoterapias estratégicas.

En general, los terapeutas estratégicos no se afanan en promover la comprensión de sus pacientes, ya que consideran que esta comprensión no es algo que pueda ser considerado relevante para la solución de sus problemas.

En su lugar, intentan cambiar los patrones de comportamiento del paciente, normalmente empleando sugestiones, parábolas, directrices y tareas, muchas de ellas fuera de la consulta, y tan peculiares a veces como efectivas.

Una de esas tareas o estrategias que he tenido la ocasión de utilizar en consulta es la llamada ordalía, extensamente descrita por el conocido terapeuta estratégico Jay Haley, y que él mismo califica, en una obra que puede ser considerada un manual práctico de esta técnica, como “un modo inusual de cambiar el comportamiento”.

Pero, ¿qué es la ordalía?

En castellano, la ordalía es definida como “un medio o prueba que se utilizaba en la Edad Media para comprobar si una persona era culpable o inocente o si decía la verdad”.

Cuando nos referimos a ella en el ámbito terapéutico, estamos hablando de vincular la aparición de un determinado síntoma a la realización de alguna otra actividad que, resultando gravosa, molesta o incómoda para el paciente, resulte al mismo tiempo beneficiosa par él.

A menudo, en lugar de la aparición del síntoma, vinculamos la ordalía a la superación de un determinado umbral de intensidad o de frecuencia de la conducta que pretendemos reducir o eliminar.

En cierto modo se trata de una técnica operante, con la que se pretende extinguir un comportamiento inadaptado, introduciendo a continuación de la conducta problema (de manera contingente) una actividad que resulte más molesta que el comportamiento problemático.

De este modo, mediante un ritual prescrito por el terapeuta bajo el que se esconde un mecanismo de condicionamiento simple, disminuiremos la frecuencia y la gravedad de la conducta no deseada.

Cómo aplicar la ordalía

Algunos ejemplos extraídos de la práctica clínica y/o aparecidos en la literatura nos pueden dar una idea de las aplicaciones de esta técnica:

  • A una persona con problemas para conciliar el sueño, podemos indicarle que si después de media hora en la cama no ha conseguido dormirse tendrá que levantarse y leer durante una hora.
  • En un caso de bulimia con atracones, se acuerda con la paciente que, cada vez que se produzca un atracón, deberá levantarse esa misma noche a las 3 de la madrugada para hacer ejercicios abdominales durante treinta minutos.
  • Un paciente procrastinador y con síntomas de ansiedad social, deberá invitar a un café a cualquiera de sus compañeros siempre que no cumpla con la tarea que se haya propuesto al comienzo del día.

Con este tipo de intervenciones, el terapeuta vincula la futura aparición de síntomas o comportamientos problemáticos con otros comportamientos que el paciente lleva a cabo deliberadamente.

La anticipación de la amenaza de castigo prescrita cambiará el significado del problema a uno que es incompatible con la continuación del problema.

Así, en el caso de la paciente bulímica, la perspectiva de los ejercicios va trasladando el significado de los atracones desde un indeseable, al mismo tiempo que gratificante síntoma, a una desagradable pero al mismo tiempo beneficiosa conducta.

Cuándo es útil prescribirla

En general, este tipo de tareas basadas en castigar el síntoma”, es adaptable a una amplia gama de problemas, ya sean personales, familiares o de pareja, con la única limitación de la propia creatividad del terapeuta y del grado de compromiso que podamos obtener del paciente.

Además de su aplicación en el ámbito clínico es una estrategia especialmente útil para el control de hábitos, y en particular está indicada en aquellos casos en que el paciente presenta más de un síntoma o comportamiento problemático que podamos vincular mediante algún tipo de relación, aprovechando de este modo toda la potencia terapéutica de la técnica.

En lo que respecta al compromiso tan necesario del paciente (a mi entender, principal obstáculo para el éxito), se recomienda establecer un pacto previo, sin que el paciente conozca de qué se trata hasta haber obtenido su consentimiento.

Normalmente se le habla de una tarea muy eficaz, virtualmente infalible si se ejecuta al píe de la letra, y que no supondrá ningún tipo de comportamiento peligroso, inmoral o ilegal. Una vez obtenido su consentimiento firme, se prescribe la tarea.

Como ya hemos comentado, Haley (1984) convirtió está técnica en todo un arte, dedicándole una obra eminentemente práctica y muy recomendable, en la que no deja lugar a dudas sobre la misión de la tarea: “Así como un castigo debe adecuarse al crimen que pena, del mismo modo el requisito principal de una ordalía es que provoque una zozobra igual o mayor que la ocasionada por el síntoma”.

La ordalía paradójica

En la línea de esos dilemas y soluciones absurdas, Haley (1984) va un paso más allá en el desarrollo y aplicaciones de la técnica, llegando a proponer una prescripción paradójica de la ordalía.

Por ejemplo, a un paciente con depresión se le puede indicar que la programe para una determinada hora del día.

Por supuesto se le propondrá deprimirse (concentrarse en su estado depresivo) justo en un momento en el que querría estar haciendo algo agradable, como dar un paseo o ver la televisión con sus hijos.

– Terapia de Ordalía, Haley (1984)
– 200 tareas en terapia breve, Beyebach y Herrero (2010)

Imagen cortesía de Pixabay.com

La ordalía: castigar el síntoma como terapia Jose Manuel Garrido
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Resumen: La ordalía es una rutina prescrita por el terapeuta que basa su eficacia en castigar el síntoma de forma consecuente a su aparición.

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  • Pedro Sanse

    Qué interesante. Excelente artículo. Gracias.

    • Jose Manuel Garrido

      Gracias Pedro. Como el propio Haley advierte, se trata de un modo un tanto inusual de cambiar el comportamiento, pero muy efectivo a veces.

  • María

    Pero… ¿y si al paciente no le da la gana cumplir esos “castigos”? Nadie puede obligarlo, así que nada le impide pasar del tema y seguir con la misma conducta de siempre. Mi madre es el ejemplo perfecto.

    • Jose Manuel Garrido

      Hola María. Como ya se dice en el propio artículo, el compromiso del paciente es un requisito imprescindible para el éxito de esta tarea. Sin ese compromiso no funcionará.

      • Edgar

        hola jose esta terapia es de mi interes pero tengo una gran duda quiero saber bien y especificamente, que diferencias o distinciones haces con la terapia de aversion puesto que son muy parecidas

        • Jose Manuel Garrido

          Hola Edgar, no creo que sean tan parecidas, aunque ambas tengan como objetivo el de reducir o eliminar una conducta
          La aversión consiste en el condicionamiento de un estímulo por emparejamiento o asociación con un estímulo aversivo, convirtiendo de este modo el estímulo inicial en desagradable.
          La ordalía tiene que ver con el castigo. Se trata básicamente de autocastigarse con la intención de que el paciente se quede finalmente con la opción menos gravosa.
          En un caso hablamos de asociación de estímulos y en el otro de las consecuencias de la conducta.

  • Luli8

    Soy psicóloga, y este método me produce un total rechazo, peor aun si el paciente tiene rasgos masoquistas.

    • Jose Manuel Garrido

      Gracias Luli por tu comentario. Sin duda no es una técnica que deba utilizarse en todos los casos. En lo que a ti respecta, si tanto rechazo te produce, trata de no emplearla jamás. Saludos.

      • Luli8

        Soy psicoanalista pero prefiero la terapia cognitivo-conductual, da buenos resultados.

        • Gisell

          Puede llegar a funcionar muy bien en un TOC

  • Valentín Spindler

    véase comentarios en LinkedIn – Psicología Activa

  • Rene Miguel Gonzalez

    recordar que la terapia breve y estratégica es una terapia centrada en el cliente, por lo tanto, el terapeuta escoge que técnicas aplicar y en que momento. También hay que considerar como muy bien explica el artículo, la creatividad del terapeuta y el grado de confianza que tiene el cliente en el mismo. No es que sea mejor o peor que otras fenomenologías psicológicas (existe hipnosis conductual cognitiva que sigue los principios de la hipnosis ericksoniana), sino que, es una herramienta más para aplicar en determinados casos, como la enuresis nocturna en niños, que puede ser bastante eficaz. Muy buen artículo, gracias

    • Gracias Rene por tu excelente aportación. Saludos cordiales.

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