Trastornos de la Conducta Alimentaria en niños y adolescentes

Mª Victoria Sánchez
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Dentro de los trastornos en población infanto-juvenil se diferencian los trastornos de exteriorización, infracontrol o disocial, donde los problemas que se presentan se dirigen hacia otras personas (peleas, rabietas, desobediencia, destructividad, conducta agresiva, conducta delictiva, etc.) y los trastornos de interiorización, sobrecontrol o ansiedad-retraimiento, donde los problemas se dirigen más hacia uno mismo (síntomas somáticos, ansiedad, depresión, retraimiento, etc.).

En los trastornos mixtos o combinados encontramos problemas sociales, de pensamiento y  de atención.

Centrándonos en los trastornos de conducta alimentaria, siguiendo la clasificación de Lask y Bryant-Waugh (1993), podemos diferenciar 6 tipos que pueden darse en población infantil:

1)    Anorexia nerviosa
2)    Trastorno emocional de evitación alimentario
3)    Ingesta selectiva
4)    Disfagia funcional
5)    Bulimia nerviosa
6)    Síndrome de rechazo alimentario

Factores asociados a los trastornos de conducta alimentaria (TCA)

Entendiendo los hábitos alimentarios como un reflejo de las necesidades afectivas y de la situación mental de la persona, desde la Psicología clínica la valoración va a incluir necesariamente aspectos personales (cognitivos, conductuales y emocionales), sociales y familiares que pueden tener un papel predisponente, precipitante y/o mantenedor del trastorno de alimentación.

Factores individuales

Dentro de estos factores a nivel individual se encuentran:

  • Ser mujer.
  • Pubertad (cambios físicos y psíquicos).
  • Contactos sexuales.
  • Perfeccionismo, impulsividad,  insatisfacción corporal, falta de asertividad y, sobre todo, la baja autoestima.
  • Trastorno afectivo.
  • Introversión/inestabilidad.
  • Obesidad.
  • Nivel sociocultural medio-alto.
  • Separaciones y pérdidas.
  • Incremento del peso rápido.
  • Críticas sobre el cuerpo.
  • Enfermedad adelgazante.
  • Traumatismo desfigurador.
  • Incremento de la actividad física.
  • Acontecimientos vitales.
  • Aislamiento social.

Factores familiares

  • Falta de comunicación entre los miembros.
  • Preocupación excesiva de los padres por la figura.
  • Baja resolución de conflictos.
  • Sobreprotección.
  • Rigidez, mezcla de roles familiares.
  • Tener familiares con trastorno afectivo, adicciones, trastornos de la ingesta.
  • Obesidad materna.

Dado que la relación entre la ingestión de alimentos y el estado de ánimo es muy estrecha, en el proceso terapéutico para el tratamiento de un menor con un trastorno de conducta alimentaria el componente emocional va a tener un papel clave.

Igualmente, podemos entender los trastornos de alimentación como un trastorno de la relación, en la forma de relacionarnos, con lo que hay que prestar atención a las variables relacionales, desde un punto de vista sistémico.

El proceso terapéutico en los TCA

Una vez que se ha valorado la necesidad de realizar un tratamiento psicoterapéutico,  dependiendo de la edad del menor, se diseñará un plan de evaluación y tratamiento.

En todos los casos incluirá entrevistas clínicas, y además puede incluir juego, dibujo y estrategias de regulación emocional (Mindfulness) entre otras.

Una técnica especialmente recomendable para el abordaje de estos casos es la “Caja de arena”. Es una técnica proyectiva que facilita la expresión y comprensión de los estados emocionales.

El tratamiento psicológico será eficaz en la medida en que el terapeuta logre establecer una relación de confianza con el niño/adolescente, generando un espacio de escucha en el que no se sienta juzgado.

Desde el espacio terapéutico, podremos plantear los siguientes objetivos individuales:

  • Ayudar a expresarse, a poner palabras.
  • Aumentar la capacidad para conocer sus necesidades.
  • Ayudar a pensar sobre lo que le pasa, elaborar, simbolizar, entender y  conectar.
  • Flexibilizar la autoexigencia y el  perfeccionismo.
  • Abordar  la autoimagen y el aislamiento.
  • Disminuir la sintomatología asociada (trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, irritabilidad, problemas de descontrol de impulsos (alcohol, drogas, conductas agresivas, rasgos de personalidad disfuncionales…).
  • Fomentar estrategias para regular la emocionalidad: juego, ocio y ejercicio.
  • Aumentar la capacidad de disfrute.
  • Mejorar la relación con la familia y los amigos.
  • Aumentar su capacidad de resiliencia

Por otro lado, se pueden trabajar distintos objetivos a nivel familiar:

  • Desarrollar y/o consolidación de un apego seguro.
  • Dinámicas familiares: comunicación y clima familiar.
  • Generar espacios para compartir en familia.
  • Mejora de la habilidad de resolución de problemas y conflictos familiares.
  • Familia como soporte emocional y conductual del menor.
  • Flexibilizar reglas rígidas.
  • Ajuste de expectativas.
  • Sobreprotección.
  • Estrategias para favorecer la autonomía del menor: si no, los niños son pasivos e inseguros.
  • Estrés, problemas emocionales o psicopatología de los padres (ansiedad, depresión…)  pueden fomentar estrategias inadecuadas de resolución de conflictos y transmitir modelos cognitivos y estilos de afrontamiento disfuncionales.
  • Ayudar a la familia a detectar patrones de relación disfuncionales y dañinos.
  • Aprender maneras de ayudar a que cada miembro logre satisfacer sus necesidades.
  • Familia como fuente de satisfacción individual.

Estableciendo el proceso terapéutico como un medio de expresión seguro y de contención emocional es muy probable que se consigan los objetivos terapéuticos planteados a corto, medio y largo plazo.

Preocupación por el peso y TCA en menores

Según la extensa revisión publicada por Mónica L. P. Santana (Universidad De Bahía) sobre epidemiología y factores de riesgo en los TCA, la preocupación por el peso se refleja en el deseo de los niñas y niños de un cuerpo ideal, delgado y/o musculado.

El miedo a engordar estuvo presente en el 71% de los niños y adolescentes, el 67% de ellos estaban preocupados por el peso y el 51% por la forma.

Se sugiere que la internalización de los ideales de belleza en las niñas y en los niños los ponen en riesgo de insatisfacción corporal y de conductas de riesgo de TCA cuando no se logra el peso deseado.

En un estudio de cinco años de seguimiento las adolescentes que querían estar más delgadas eran cuatro veces más propensas a desarrollar actitudes alimentarias negativas en comparación con sus compañeras que no tenían este deseo.

Nota del Editor

Se ofrece para su descarga el documento “La epidemiología y los factores de riesgo de los trastornos alimentarios en la adolescencia” en el que se abordan temas actuales y relevantes acerca de la prevalencia, la incidencia y los factores de riesgo de los TCA, especialmente de la Anorexia y la Bulimia nerviosa, en adolescentes.

Imagen cortesía de pixabay.com

Trastornos de la Conducta Alimentaria en niños y adolescentes Mª Victoria Sánchez
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Resumen: Los TCA son difíciles de tratar y suelen asociarse con baja calidad de vida, altas tasas de comorbilidad psicosocial y mortalidad prematura.

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