10 pautas para prevenir problemas de alimentación en nuestros hijos

Mireia Navarro
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Uno de los problemas que más preocupan a los padres es la alimentación de los más pequeños. ¿Qué alimentos son buenos para los niños? ¿Qué alimentos debemos racionar? Y estos alimentos que racionamos, ¿en qué medida debemos hacerlo? ¿Cómo podemos establecer buenos hábitos de alimentación? ¿Cómo podemos prevenir problemas relacionados con la ingesta?

La rutina alimenticia cobra un papel importante en la personalidad del niño desde antes de nacer. Teniendo en cuenta que la ingesta es una de las necesidades básicas más importantes del niño (basta recordar, como apunte a su importancia, que la alimentación que el feto recibe en su fase prenatal tiene un gran peso en su salud posterior), la manera de llevarla a cabo será determinante para establecer unos buenos hábitos alimenticios.

De la misma manera que desde pequeños les enseñamos a ser educados, también les debemos enseñar a comer correctamente. Y con ello no nos referimos únicamente a tener una dieta variada, aunque no por ello le debemos restar importancia; el niño necesita unas ciertas cantidades de nutrientes para que su organismo y su mente funcionen adecuadamente y puedan encajar de la mejor manera posible los cambios que se producen en los primeros años de vida.

Nos referimos, también, a establecer una buena relación con la comida; de esta manera, estaremos previniendo problemas psicológicos como pueden ser los trastornos de alimentación, y problemas físicos, como la obesidad, entre otros.

¿Qué podemos hacer para ello? Estas 10 pautas te pueden ayudar. Toma nota y ponlas en práctica:

1. Asociar la comida con buenas sensaciones

El momento de la comida no solo tiene como objetivo alimentarse; es un momento de comunicación familiar que, para muchas familias, supone el único momento diario en que todos los miembros se reúnen; es el momento adecuado para comunicarse.

Si las charlas que se mantienen son animadas, creará buenas sensaciones y eso favorecerá una predisposición en el niño para sentarse en la mesa y compartir ese ratito con sus familiares. Aunque nuestro hijo sea mal comedor, sentarse delante de la comida puede ser el paso previo a la ingesta. Por cierto, la televisión, mejor apagada.

2. Toda dieta debe ser variada

Si los niños reciben una dieta variada desde pequeños, tolerarán mejor los alimentos que no les gustan. Si existen problemas, podemos mezclar alimentos que les gusten mucho con otros que no les gusten a penas, y crear patrones de ingesta, (por ejemplo, alternar los trozos de cada alimento).

No es buena idea enmascarar los alimentos que no gustan, pues de esta forma disfrazamos el problema sin resolverlo.

3. NO usar la comida como refuerzo y/o castigo

Si lo hacemos, estaremos añadiéndole un valor positivo (en caso de usarla como refuerzo) o negativo (en caso de usarla como castigo), y ya hemos visto que no nos conviene. Así estaremos evitando que el niño asocie algunos alimentos como “buenos” y otros como “malos”.

4. Establecer una buena rutina de comida

El horario semanal debe de permitir estipular un horario repetitivo de comida y cena (siempre a las mismas horas), de manera que el niño pueda anticiparlo. El menú semanal deberá ser creado a principios de semana, deberá ser el mismo para todos y todos deberán conocerlo.

5. Decora los platos

Los alimentos coloridos llaman la atención de los más pequeños. Puede ser una muy buena manera de conseguir que coman frutas y verduras. Decorar no es lo mismo que disfrazar u ocultar. Todos los alimentos deberán estar a la vista y deberán ser reconocibles.

6. No intentes que todos los alimentos le gusten

Es realmente imposible. Pero sí que deberá tener predisposición para probar cualquier alimento nuevo. Anímale a que lo haga y refuérzale posteriormente con un gesto cariñoso, aunque no le haya gustado. Si quieres afianzar todavía más su predisposición a probar, predica con el ejemplo.

7. Fuera distracciones

Cuando se come, se come. Nada de ver la televisión ni de jugar con un juguete. La familia debe de ser la única distracción.

8. Dales un total de cinco comidas al día

Desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena, espaciadas por unas 2 o 3 horas. No es recomendable darles comida fuera de estos momentos, pues les quitarán las ganas de comer. Si en un momento determinado se les antoja un helado, postérgalo para el postre (pero, recuerda: no lo uses como premio). Permíteles algún dulce los fines de semana.

9. Cocina con o delante de ellos

Así entenderán que la comida cocinada en casa es mejor que la comprada. Ofréceles la oportunidad de ayudarte a cocinar, asignándoles pequeñas tareas en función de sus edades. Ayudar a cocinar la cena puede ser un buen aliciente para comerla.

10. Refuerza cada avance con un gesto cariñoso

Los avances pueden ir desde probar un alimento nuevo, hasta terminarse el plato.

Con estas 10 pautas, estaremos enseñando a los más pequeños que la comida es un aliado para nuestra salud. Con constancia y buenos hábitos podemos conseguir una relación sana con la comida y evitarnos así problemas indeseables. Si, además, servimos de buen ejemplo para nuestros hijos, mucho mejor. ¡Merece la pena intentarlo!

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Resumen: La adquisición de hábitos alimenticios saludables es fundamental para prevenir futuros problemas de alimentación.

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